La presión competitiva, la exposición mediática, las lesiones, la inestabilidad contractual y el miedo a pedir ayuda sitúan a los futbolistas profesionales ante importantes riesgos psicológicos. La presidenta de la SEPSM, la Dra. Marina Díaz Marsá, ha hablado sobre ello hoy en una jornada organizada por la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), la Clínica CEMTRO y la Fundación Laureus, bajo el título “Salud mental y riesgos psicosociales en el entorno laboral del fútbol profesional“. El encuentro ha reunido a representantes y profesionales de los ámbitos deportivo, institucional, sanitario y social, con el objetivo de compartir conocimientos y experiencias, analizar los retos existentes y explorar nuevas vías de colaboración que permitan avanzar hacia una protección más efectiva e integral de la salud mental de los futbolistas.
Para la presidenta de la SEPSM, “el alto rendimiento no protege a los deportistas frente a la enfermedad mental, más bien al contrario, ya que las condiciones específicas del deporte profesional pueden generar situaciones de especial vulnerabilidad”. La presión por los resultados, la exposición pública y en redes sociales, la incertidumbre contractual, las lesiones, la retirada o la profesionalización a edades muy tempranas son algunos de los factores que pueden afectar al bienestar psicológico de los futbolistas. Ansiedad, síntomas depresivos, trastornos del sueño, burnout, problemas relacionados con la conducta alimentaria, sintomatología postraumática tras lesiones graves o el consumo problemático de sustancias y adicciones comportamentales como la ludopatía forman parte de los problemas que pueden aparecer en el entorno del fútbol profesional.
Sin olvidar otro aspecto muy importante, como que las lesiones no son solamente un problema físico. “Una lesión grave puede suponer una pérdida temporal de identidad, de rol, de estatus y de seguridad profesional, y puede acompañarse de ansiedad, depresión o aislamiento”, ha asegurado la Dra. Díaz Marsá en su intervención.
Sin embargo, una parte de esta problemática continúa sin detectarse, porque se interpreta como parte de la preparación física o del control del peso.
Las cifras muestran un problema todavía invisible
En un estudio prospectivo publicado en 2024 sobre futbolistas profesionales varones se muestra que el 53% presentó síntomas de distrés, un estado de sufrimiento, angustia o falta de adaptación del organismo ante una situación que lo desborda, unidos a síntomas de ansiedad, depresión, alteraciones de la alimentación, sueño y consumo de sustancias. Además, aquellos futbolistas que habían sufrido una lesión o una cirugía presentaban una mayor presencia de determinados problemas de salud mental.
También datos recientes del Drake Football Study muestran que aproximadamente uno de cada cinco futbolistas profesionales estudiados presentó problemas de conducta alimentaria durante un periodo de 12 meses. En ese mismo estudio, el 55% de los futbolistas comunicaron distrés psicológico relacionado con el deporte.
Más síntomas que peticiones de ayuda
Pero, como ha apuntado la presidenta de la SEPSM, uno de los principales problemas no es únicamente la existencia de estos trastornos, sino la dificultad para detectarlos y para que los propios jugadores soliciten asistencia. En esta infradetección puede tener un papel principal el pensamiento de que dentro del vestuario pedir ayuda psicológica puede ser interpretado como una señal de debilidad. Pero también que síntomas como la fatiga, la irritabilidad o el insomnio pueden atribuirse exclusivamente al entrenamiento o al sobreesfuerzo, cuando también pueden formar parte de cuadros de ansiedad o depresión.
A esto se suma la ausencia, en muchos clubes, de evaluaciones psicológicas periódicas equiparables a las revisiones cardiológicas o musculares y el temor de que la información sobre un problema psicológico tenga consecuencias sobre los minutos de juego, una renovación contractual o el valor de mercado del futbolista.
La transición hacia la retirada representa otro posible punto ciego, especialmente cuando desaparece el seguimiento médico que proporcionaba el club.
Por todo ello, la doctora Díaz aboga por cambiar el paradigma actual y que la salud mental no se evalúe solamente cuando aparece un problema, sino que debe formar parte de la vigilancia habitual de la salud del deportista. “No necesitamos futbolistas que no sufran; necesitamos entornos en los que un futbolista pueda decir que está sufriendo sin miedo a perder su lugar en el equipo”.
Del modelo de buena voluntad a un sistema de estándares
Ante esta situación, la propuesta pasa por establecer protocolos comunes que no dependan de la sensibilidad particular de cada club y que, en opinión de la Dra. Díaz Marsá, tengan al menos estos ocho elementos:
- Obligatoriedad vía licencia de competición: que la federación/liga exija cribado psicológico periódico como requisito para inscribir plantillas, igual que exige revisiones cardiológicas.
- Cribado estandarizado: no solamente cuando aparece un problema. Hay que preguntar sistemáticamente por ansiedad, estado de ánimo, sueño, consumo de sustancias, alimentación, estrés, acontecimientos vitales, lesiones y otros factores psicosociales.
- Independencia del profesional de salud mental: debe reportar a un órgano médico/sanitario independiente, no al cuerpo técnico ni a dirección deportiva, para evitar el conflicto de interés entre “lo que conviene al equipo” y “lo que necesita el jugador”.
- Confidencialidad blindada: garantías explícitas de que buscar ayuda no puede tener consecuencias contractuales ni deportivas, con mecanismos de denuncia si esto se vulnera.
- Formación obligatoria a entrenadores, directivos y cuerpo médico para detectar señales de alarma tempranas.
- Protocolo de derivación claro: qué pasa cuando se detecta un caso, quién interviene, en qué plazos.
- Auditoría externa: que el cumplimiento no lo evalúe el propio club, sino un organismo independiente, con consecuencias reales (sanciones o condicionamiento de licencias) si no se cumple crisis de ansiedad o un riesgo suicida.
- Protocolos específicos para situaciones de especial vulnerabilidad, como lesiones graves, cirugía, retirada, pérdida de la titularidad, conflictos contractuales, acoso o violencia.
