La persona que piensa en el suicidio no busca poner fin a su vida, sino poner fin a un sufrimiento intolerable. Detrás de esta realidad conviven el aislamiento, el dolor insoportable y la incapacidad de atisbar una salida. Romper el tabú y hablar de ello de forma rigurosa es imprescindible, ya que, a pesar de las iniciativas institucionales, la contención del suicidio continúa mostrando brechas críticas en el modelo de salud español.
Evolución de los datos
A pesar de que en los datos provisionales de defunciones en 2025, según la causa de la muerte, publicados por el Instituto Nacional de Estadística se aprecia que las muertes por suicidio descienden por tercer año consecutivo hasta situarse en 3.808, continúa siendo una cifra intolerable. Es importante comunicar los datos con esperanza, sí, pero también con la conciencia de que el problema sigue siendo enorme y queda mucho trabajo por hacer.
Concretamente, por sexos, ha habido 1.024 muertes por suicidio de mujeres y 2.784 de hombres.
Mientras que por rango de edad las cifras son:
Entre 0 y 14 años: 18 muertes
Entre 15 y 24 años: 216 muertes
Entre 25 y 44 años: 850 muertes
Entre 45 y 64 años: 1.578 muertes
Entre 65 y 79 años: 719 muertes
Más de 80 años: 427 muertes
La gran mayoría de las personas en riesgo acude a Urgencias o Atención Primaria poco antes de intentar quitarse la vida. Sin embargo, la falta de protocolos de alerta temprana provoca que apenas el 25 % de quienes terminan falleciendo hubieran recibido atención en dispositivos de Salud Mental.
Brechas urgentes que deben resolverse de manera prioritaria
Ante estos datos, y tal y como se expone en el Decálogo de los asuntos que hoy preocupan a la SEPSM, hay cuatro brechas urgentes que deben resolverse de manera prioritaria:
- Detección sistemática y ampliada del riesgo: No basta con preguntar por la ideación suicida. Es necesario implantar un sistema que evalúe de forma integral factores de riesgo sociodemográficos, clínicos y psicosociales.
- Garantía de continuidad asistencial: Elaboración de planes de seguridad personalizados, un contacto precoz tras el alta y el acceso preferente a dispositivos especializados. Para todo ello, es imprescindible dotar al sistema de más medios y profesionales.
- Abordaje integral: La atención debe contemplar tanto los factores clínicos (psíquicos y físicos) como las circunstancias socioeconómicas y familiares de la persona.
- Unificación y adecuada dotación de los planes preventivos a nivel nacional: los especialistas reclaman la implantación de protocolos homogéneos y una financiación suficiente y real.
La prevención es tarea de todos. Si estás pasando por un momento difícil o conoces a alguien que lo necesite, recuerda que el 024 es el teléfono de atención a la conducta suicida en España. Es gratuito, confidencial y está disponible las 24 horas. Hablar puede salvar una vida.
