El suicidio no tiene que ver con el deseo de una persona de morir, sino con el deseo de dejar de sufrir. Son personas que experimentan un dolor físico o emocional muy intenso, sentimientos de soledad, incapacidad para sentirse comprendido e imposibilidad de ver salida a sus problemas. Hablar del suicidio no es fácil, pero es completamente necesario. Nos lo cuenta la Dra. Pilar Saiz, secretaria de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, en el quinto episodio de la campaña de divulgación que está llevando a cabo la SEPSM, #SinBulosConCiencia, y que ya está disponible en YouTube.
Suicidio: una necesidad clínica insuficientemente atendida en España
A pesar de los esfuerzos institucionales, el suicidio sigue siendo una necesidad clínica insuficientemente atendida en España. Así lo reflejan los últimos datos y análisis sectoriales, que ponen el foco en las asignaturas pendientes del sistema sanitario para prevenir estas muertes.
Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 se registraron 3.953 fallecimientos por suicidio, lo que supone una tasa de 8,1 por cada 100.000 habitantes y un descenso del 3,96 % respecto a 2023. Las tasas más altas se concentran en hombres mayores de 85 años, con 40,2 casos por cada 100.000 habitantes entre los 85 y 89 años, cinco veces por encima de la media nacional. Una cifra alarmante que contrasta con una realidad médica: el suicidio es prevenible.
La evidencia científica e histórica demuestra que la gran mayoría de las personas en situación de riesgo contactan con el sistema sanitario en las semanas previas a un intento. El principal punto de entrada suele ser la Atención Primaria o los servicios de Urgencias.
Sin embargo, el sistema falla en la activación de alarmas: no siempre se pone en marcha un circuito específico de evaluación, intervención y seguimiento. El dato más demoledor refleja esta desconexión: solo una de cada cuatro personas que finalmente fallecen por suicidio había sido atendida previamente en los servicios de Salud Mental.
Ante estos datos, y tal y como se expone en el Decálogo de los asuntos que hoy preocupan a la SEPSM, hay cuatro brechas urgentes que deben resolverse de manera prioritaria:
- Detección sistemática y ampliada del riesgo: No basta con preguntar por la ideación suicida. Es necesario implantar un sistema que evalúe de forma integral factores de riesgo sociodemográficos, clínicos y psicosociales.
- Garantía de continuidad asistencial: Se exige la elaboración de planes de seguridad personalizados, un contacto precoz tras el alta y el acceso preferente a dispositivos especializados.
- Abordaje integral: La atención debe contemplar tanto los factores clínicos (psíquicos y físicos) como las circunstancias socioeconómicas y familiares de la persona.
- Unificación y adecuada dotación de los planes preventivos a nivel nacional: los especialistas reclaman la implantación de protocolos homogéneos y una financiación suficiente y real.
